Todo lo que miré perecerá un día es un proyecto que genera imágenes químicas a partir del registro vivo de bacterias sobre la gelatina de plata del soporte fotográfico. La obra investiga la posibilidad de producir imágenes en colaboración con la naturaleza, permitiendo que organismos vivos presentes en la tierra intervengan activamente en la construcción visual.

El proceso se llevó a cabo en zonas rurales del pueblo de O’Higgins, donde enterré ocho rollos fotográficos que contenían imágenes latentes de los mismos territorios en los que serían abandonados. Luego de siete meses bajo tierra, algunos rollos se perdieron por completo debido a las variaciones del clima y las condiciones del entorno. Los materiales recuperados fueron revelados mediante técnicas tradicionales, registrando cómo los microorganismos comenzaron a descomponer, corroer y transformar la gelatina del soporte fílmico.

Todo lo que miré perecerá un día

Paisaje en escala de gris con árbol sin hojas y un fondo de cielo estrellado.

Registro fotográfico por Joe Bonomo